Techos Rojos, Abismo Rojo: una historia real, contada en un thriller

Hay una pregunta que probablemente se hará más de un lector mientras avanza por las páginas de Techos Rojos, Abismo Rojo:
¿Cuánto de todo esto ocurrió realmente?
La respuesta corta es: casi todo.
Los grandes acontecimientos históricos que aparecen en el libro ocurrieron. Pero eso sería lo fácil. Son hechos que pueden encontrarse en periódicos, archivos, libros o documentales.
Lo particular de Techos Rojos está en otra parte.
También ocurrieron casi todos esos pequeños acontecimientos que se desarrollan alrededor de la gran historia: las conversaciones, las situaciones dentro de una prisión, las operaciones de inteligencia, las decisiones tomadas en determinados momentos, los episodios militares y policiales y muchas de las cosas que Marcos Loup observa mientras Venezuela comienza a transformarse.
Cuando Marcos cuenta algo que vio, muchas veces es porque yo estuve allí y lo vi.
Naturalmente, después de tantos años no puedo afirmar que cada conversación reproducida en el libro sea una transcripción textual. No llevaba una grabadora conmigo. Pero las conversaciones ocurrieron, las ideas expresadas fueron esas y los acontecimientos sucedieron esencialmente como están narrados.
Los primeros años de una Venezuela que estaba cambiando
Techos Rojos, Abismo Rojo cuenta los primeros años de la llegada del chavismo al poder y algunos de los acontecimientos que comenzaron a transformar Venezuela.
Hay episodios que todo venezolano de aquella época recuerda. Otros fueron conocidos solamente por quienes estuvieron involucrados.
El libro atraviesa acontecimientos políticos, militares, policiales, penitenciarios y sociales, pero intenta observarlos desde un lugar diferente: desde dentro.
Porque la historia no está formada solamente por los grandes acontecimientos que posteriormente aparecen en los libros.
También está hecha de pequeñas decisiones, conversaciones, errores, casualidades y personas que estaban allí cuando las cosas sucedieron.
Algunas de esas historias son conocidas. Otras probablemente no.
Y creo que vale la pena contarlas.
Entre otras razones porque conocer la historia debería ayudarnos a no repetirla.
¿Por qué contar todo esto como un thriller?
Podría haber escrito un libro de historia.
Fechas, acontecimientos, protagonistas, documentos, explicaciones.
Pero no era lo que quería hacer.
Un libro dedicado exclusivamente a narrar cronológicamente acontecimientos políticos puede resultar interesante para un historiador o para alguien que ya esté interesado en ese período. Pero yo quería otra cosa.
Quería que alguien pudiera abrir Techos Rojos simplemente buscando una buena historia y continuara leyendo porque quisiera saber qué sucede en la página siguiente.
Por eso decidí contar aquellos años utilizando los recursos narrativos de un thriller.
El lector acompaña a Marcos Loup. Entra con él en una cárcel. Se encuentra en medio de acontecimientos políticos. Conoce militares, policías, presos, funcionarios y opositores. Observa conspiraciones, conflictos y situaciones que en ocasiones parecen demasiado extraordinarias para haber sucedido.
Y mientras sigue la historia, casi sin proponérselo, va conociendo una parte de la historia reciente de Venezuela.
Cuando lo increíble también ocurrió
Algunas situaciones de Techos Rojos podrían parecer creadas precisamente para darle emoción a un thriller.
No lo fueron.
El gran motín que se narra en la cárcel de Yare, por ejemplo, ocurrió. Y los acontecimientos fundamentales sucedieron prácticamente como aparecen en el libro.
También era real la situación que existía dentro de aquella prisión: funcionarios desmotivados después de años de mala dirección y el enorme trabajo necesario para recuperar a ese personal, devolverle confianza y conseguir que volviera a querer hacer su trabajo.
Hay otro episodio mucho menos conocido.
En el libro se relata un intento de golpe de Estado previsto para el 11 de julio de 2002.
Ocurrió.
Muy poca gente conoce aquella historia porque quedó fundamentalmente entre quienes estuvieron involucrados. El intento estuvo muy cerca de llevarse adelante y finalmente fue suspendido.
Afortunadamente.
Las razones que Marcos Loup expone para considerar que aquella operación podía terminar desastrosamente tampoco fueron inventadas para la novela.
Eran las razones reales.
Y sí, también ocurrió algo que probablemente sorprenda todavía más al lector.
Los presos de Yare enviaron comida a los damnificados por la tragedia de Vargas.
No fue una iniciativa del Ministerio ni una historia creada para humanizar a unos personajes.
Los propios presos decidieron realizar una huelga de hambre durante dos días para que los alimentos que les correspondían pudieran ser enviados a quienes habían perdido prácticamente todo durante la tragedia.
De los presos pueden decirse muchas cosas. Pero también tienen corazón.
Aquellos hombres decidieron ayudar.
Después se les concedieron días adicionales de visita para que pudieran compartir más tiempo con sus familias como reconocimiento por lo que habían hecho.
Yo estaba allí.
Lo que ocurría detrás de la historia conocida
También fueron reales los trabajos de inteligencia realizados para la resistencia militar vinculada al movimiento de Plaza Altamira.
Como fueron reales numerosos acontecimientos relacionados con la prisión, episodios policiales y militares, situaciones relacionadas con presos políticos y muchas otras pequeñas historias que aparecen entrelazadas con los acontecimientos que todo el país conocía.
Precisamente ahí está una de las razones por las que quise escribir este libro.
Los grandes acontecimientos quedan registrados.
Los pequeños suelen desaparecer.
Y algunas veces son precisamente esos pequeños acontecimientos los que permiten comprender los grandes.
¿Entonces no hay ficción?
Sí, la hay.
Techos Rojos es una obra narrativa, no una declaración judicial ni una transcripción documental de aquellos años.
Algunas situaciones tuvieron que reorganizarse para que acontecimientos ocurridos durante un período prolongado pudieran funcionar dentro de una historia. Algunas conversaciones fueron reconstruidas. Existen licencias narrativas y determinados elementos fueron creados o modificados.
Pero son excepciones.
La ficción ayuda a unir la historia. No sustituye los acontecimientos.
De hecho, después de determinado momento del libro, la inmensa mayoría de lo que sucede alrededor de Marcos Loup procede directamente de acontecimientos reales.
Y quizá eso produzca un efecto curioso en quien lo lea.
Porque llegará un momento en que probablemente ya no sabrá qué parte fue una licencia del escritor y qué parte ocurrió exactamente así.
Algunas de las cosas más increíbles son, precisamente, las que ocurrieron.
¿Y quién es Marcos Loup?
Esa es otra pregunta.
Si los acontecimientos son reales, si muchas de las experiencias también lo son y si quien escribe estuvo presente en buena parte de ellas, resulta inevitable preguntarse quién es realmente el hombre que protagoniza Techos Rojos, Abismo Rojo.
Marcos Loup es un personaje bastante particular.
Y tiene su propia historia.
Pero eso merece otro artículo.
Por ahora basta con saber qué encontrará quien abra Techos Rojos, Abismo Rojo.
No pretendí escribir un manual de historia.
Tampoco unas memorias convencionales.
Quise contar una historia capaz de atrapar al lector y llevarlo por aquellos primeros años mientras Venezuela comenzaba a convertirse en otra cosa.
Una historia real narrada como si fuera un thriller.
Y quizá lo más inquietante sea precisamente eso:
que cuando cierre el libro, el lector sabrá que casi todo lo que acaba de leer ocurrió.
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