¿Quién es Marcos Loup? La historia detrás del protagonista de Techos Rojos

«Aunque a veces pienso que no existe, Marcos Loup es mi amigo desde hace muchísimos años».
Así comienza Ezequiel Haugen a hablar de Marcos Loup en el prólogo de Techos Rojos, Abismo Rojo.
La frase tiene más verdad de la que parece.
Porque Marcos Loup es un personaje literario. Pero Marcos existió mucho antes de que yo comenzara a escribir el libro.
Y el Lobo también.
Un nombre que viene de lejos
Marcos es un seudónimo que escogí hace más de cuarenta años, cuando en determinado momento necesité utilizar uno. Fue simplemente el primer nombre que se me ocurrió y terminé quedándomelo.
Curiosamente, además, comienza igual que Marcelo: Mar.
El Lobo tiene un origen todavía más antiguo. Hace casi cincuenta años, cuando estaba en los Boy Scouts, pertenecía a la Patrulla Lobo. Desde entonces siempre me sentí identificado con ese animal.
Décadas después, cuando llegó el momento de construir al protagonista de Techos Rojos, aquellas dos cosas terminaron encontrándose.
Mi abuela era argentina, hija de franceses, así que decidí darle al personaje esa ascendencia y convertir Lobo en francés:
Loup.
Así nació Marcos Loup.
O, quizá más exactamente, así nació el personaje literario. Porque buena parte de lo que había detrás de él llevaba décadas existiendo.
¿Por qué Marcos y no Marcelo?
Esta es probablemente la pregunta más importante.
Techos Rojos, Abismo Rojo cuenta acontecimientos históricos reales y muchos episodios que viví personalmente. Como expliqué al hablar de cuánto hay de realidad y ficción en el libro, una enorme parte de lo que sucede ocurrió.
Precisamente por eso no quería que el protagonista se llamara Marcelo Crovato.
No quería escribir una oda a mí mismo.
Hay personas a quienes, por las circunstancias de su vida, les toca atravesar una cantidad extraordinaria de situaciones poco habituales. Eso no las convierte en superhéroes. Simplemente tuvieron una vida fuera de lo común.
Un caso extremo es el del militar británico Adrian Carton de Wiart. Su biografía contiene tantos episodios extraordinarios que, contados fuera de contexto, podrían parecer el argumento exagerado de una película.
No pretendo comparar su vida con la mía. El punto es otro: algunas vidas parecen inverosímiles cuando se cuentan.
A mí me tocó vivir cosas que probablemente el 99 % de las personas nunca tendrá que vivir.
Si escribía una novela diciendo una y otra vez «Marcelo hizo esto», «Marcelo estuvo allí», «Marcelo resolvió aquello», podía terminar pareciendo que estaba construyendo mi propio monumento.
No era eso lo que quería.
Era mucho más sencillo dejar que lo hiciera Marcos.
El lector podía juzgar al personaje, acompañarlo, estar de acuerdo o en desacuerdo con él y, sobre todo, concentrarse en la historia.
¿Cuánto de Marcelo hay en Marcos?
Muchísimo.
No construí a Marcos como una versión mejorada de mí mismo. Tampoco intenté darle una personalidad diferente.
Marcos piensa y reacciona básicamente como yo.
Eso forma parte, además, de la manera en que construí buena parte de los personajes de Techos Rojos.
Muchos están inspirados en personas que conozco. Eso me facilitaba enormemente escribirlos porque no necesitaba preguntarme constantemente qué haría aquel personaje ante determinada situación.
Conocía la respuesta.
Sabía cómo reaccionaría la persona real que lo inspiraba.
Incluso algunas cosas que los personajes dicen en el libro proceden de frases o ideas que esas personas me dijeron realmente.
Con Marcos el mecanismo fue todavía más sencillo.
Para saber qué haría Marcos Loup, muchas veces solo tenía que preguntarme qué habría hecho yo.
Un personaje que comienza a independizarse
Pero aquí ocurre algo curioso.
Marcos nació literariamente para contar una historia esencialmente real.
Continúa siendo el protagonista de la segunda parte de Techos Rojos, actualmente en proceso, donde seguirá recorriendo acontecimientos vinculados con aquella Venezuela que me tocó vivir.
Pero no tengo previsto dejarlo allí.
Marcos Loup me parece un personaje suficientemente interesante como para llevarlo a otras historias. Y algunas de ellas podrán ser completamente ficticias.
Entonces sucederá algo que me resulta particularmente atractivo como escritor.
Hasta ahora, Marcos ha vivido fundamentalmente cosas que Marcelo vivió.
Algún día Marcos comenzará a vivir cosas que Marcelo jamás vivió.
Seguramente seguirá pensando como yo. Reaccionará de maneras que me resulten familiares. Llevará consigo parte de mis experiencias, mis defectos, mis convicciones y mi manera de interpretar el mundo.
Pero podrá entrar en lugares donde yo nunca estuve y enfrentarse a situaciones que jamás ocurrieron.
Quizá entonces Marcos Loup termine de convertirse definitivamente en aquello que Ezequiel Haugen insinuó en el prólogo de Techos Rojos:
un personaje del que, a veces, resulta difícil saber dónde termina la realidad y comienza la ficción.
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