La Navidad en que los enemigos dejaron de matarse
12.10.2026

En diciembre de 1914, la Primera Guerra Mundial llevaba apenas unos meses. Cuando había comenzado, muchos estaban convencidos de que terminaría antes de Navidad.
No fue así.
En el frente occidental, soldados alemanes y británicos pasaban la Nochebuena separados por unos pocos cientos de metros de barro, alambradas y una franja de terreno que ya tenía un nombre terrible: tierra de nadie.
Entonces ocurrió algo extraordinario.
En distintos sectores del frente, los alemanes colocaron pequeños árboles de Navidad iluminados sobre sus parapetos y comenzaron a cantar. Desde las trincheras británicas reconocieron las melodías. De un lado se escuchaba Stille Nacht. Del otro respondieron con Silent Night.
Después llegaron los saludos.
Y finalmente sucedió lo impensable: algunos hombres comenzaron a salir de las trincheras.
Soldados que hasta pocas horas antes intentaban matarse se encontraron en tierra de nadie. Se estrecharon las manos, intercambiaron tabaco, comida, bebidas y pequeños regalos. En algunos lugares aprovecharon la tregua para recoger y enterrar a los muertos. Y existen testimonios de partidos improvisados de fútbol.
Y ocurrió de verdad.
Cuando conocí mejor aquella historia pensé en algo diferente.
Las trincheras de la Primera Guerra Mundial ya eran, por sí mismas, uno de los escenarios más terribles que podía imaginar. Barro, frío, artillería, cadáveres y hombres esperando un ataque que podía llegar en cualquier momento.
Pero durante aquella Navidad ocurrió algo excepcional: por unas horas, la tierra de nadie dejó de separar enemigos.
¿qué tendría que ocurrir para que alemanes e ingleses, después de dejar de combatir entre ellos, tuvieran que volver a tomar juntos sus fusiles?
De esa pregunta nació el segundo relato de Cuando el infierno despierta.
La trinchera de Navidad.
No fue así.
En el frente occidental, soldados alemanes y británicos pasaban la Nochebuena separados por unos pocos cientos de metros de barro, alambradas y una franja de terreno que ya tenía un nombre terrible: tierra de nadie.
Entonces ocurrió algo extraordinario.
En distintos sectores del frente, los alemanes colocaron pequeños árboles de Navidad iluminados sobre sus parapetos y comenzaron a cantar. Desde las trincheras británicas reconocieron las melodías. De un lado se escuchaba Stille Nacht. Del otro respondieron con Silent Night.
Después llegaron los saludos.
Y finalmente sucedió lo impensable: algunos hombres comenzaron a salir de las trincheras.
Soldados que hasta pocas horas antes intentaban matarse se encontraron en tierra de nadie. Se estrecharon las manos, intercambiaron tabaco, comida, bebidas y pequeños regalos. En algunos lugares aprovecharon la tregua para recoger y enterrar a los muertos. Y existen testimonios de partidos improvisados de fútbol.
La llamada Tregua de Navidad de 1914 no fue una tregua general ni ocurrió de la misma manera en todo el frente. Tampoco fue ordenada por los altos mandos. Fueron episodios espontáneos protagonizados por hombres que, durante unas horas, decidieron dejar de matarse.
Y ocurrió de verdad.
Cuando conocí mejor aquella historia pensé en algo diferente.
Las trincheras de la Primera Guerra Mundial ya eran, por sí mismas, uno de los escenarios más terribles que podía imaginar. Barro, frío, artillería, cadáveres y hombres esperando un ataque que podía llegar en cualquier momento.
Pero durante aquella Navidad ocurrió algo excepcional: por unas horas, la tierra de nadie dejó de separar enemigos.
¿qué tendría que ocurrir para que alemanes e ingleses, después de dejar de combatir entre ellos, tuvieran que volver a tomar juntos sus fusiles?
De esa pregunta nació el segundo relato de Cuando el infierno despierta.
La trinchera de Navidad.

LA REALIDAD TIENE SUS HORRORES.
IMAGINE CUANDO APARECE LO IMPOSIBLE.
YA DISPONIBLE EN AMAZON
https://amzn.eu/d/08GwZIqw