Hay lugares donde el terror no necesita ficción
19.10.2026

Cuando decidí escribir una historia de terror ambientada durante la Segunda Guerra Mundial apareció un problema extraño: ¿cómo introducir algo sobrenatural en un escenario donde la realidad ya había superado prácticamente cualquier cosa que pudiera imaginar?
Los campos de concentración y exterminio nazis existieron. Millones de personas fueron perseguidas, deportadas, encerradas y asesinadas como consecuencia de una maquinaria de persecución y exterminio organizada por seres humanos.
No había demonios.
No hacían falta.
Precisamente por eso, cuando concebí El Lagăr de Soluţie, decidí no utilizar como escenario un campo histórico concreto.
El Lagăr de Soluţie —Campo de la Solución— nunca existió. Es un lugar ficticio construido para el relato, aunque algunos de sus elementos están inspirados en características que existieron en diferentes campos reales. Esa distinción me parecía necesaria: la historia proporciona el contexto, pero el lugar y los personajes pertenecen a la ficción.
Y entonces apareció la pregunta que terminó convirtiéndose en el origen del cuento.
¿Qué clase de monstruo sobrenatural podría introducirse en un lugar construido y administrado por hombres capaces de cometer monstruosidades perfectamente reales?
Elegí una criatura profundamente arraigada en las tradiciones de Europa oriental: el strigoi.
Pero había una inversión que me interesaba todavía más.
En una historia convencional, los seres humanos intentan sobrevivir al monstruo.
Aquí algunos seres humanos ya viven sometidos a otros hombres que tienen sobre ellos un poder prácticamente absoluto. Hambre, violencia, miedo y muerte forman parte de su realidad cotidiana.
Entonces aparece algo que no pertenece a esa realidad.
Algo antiguo.
Algo que también necesita alimentarse.
Y surge una pregunta bastante incómoda:
cuando un monstruo entra en un lugar gobernado por otros monstruos, ¿quién debería tener miedo de quién?
De esa pregunta nació el tercer relato de Cuando el infierno despierta:
El Lagăr de Soluţie.
Esta vez el infierno no necesita despertar.
Los hombres ya lo habían construido.

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