El hombre que no despertó en el campo de exterminio

Cuando sonó el timbre, Uziel pensó que había dormido poco. Algo lo había hecho dormir inquieto. Se levantó rápidamente, se calzó y se prestó para salir al appel, la formación para el conteo. Notó que el ocupante de la litera inferior no se había levantado, así que lo sacudió diciéndole:
—Amigo, levántate.
Pero no se despertaba. Entonces vio un pequeño hilillo de sangre y dos pequeñas marcas en su cuello.
—Rabí, venga, vea esto.
El Rabí se acercó junto con el blockältesten. Ambos se quedaron mirando el cadáver.
—¿Qué serán esas marcas en el cuello?
—No lo sé Rabí, es muy extraño. No hay sangre, salvo esos dos hilitos de sangre. Esa herida no puede haber sido la causa, porque debería haber un gran charco de sangre.
