El desastre de Vargas
El día que se abrieron las compuertas del cielo

- Muchachos - le dijo Marcos a sus soldados - Adelante tenemos unos seis hombres, armados, quizá drogados, sin ningún tipo de freno moral. Se han dedicado a robar a quienes pasan por acá y a una de nuestras nuevas compañeras, la violaron.
Vio la cara de sus infantes. Se mantenían serios, pero los ojos mostraban la indignación. Eso era bueno, tenían el mismo código moral que él.
- Tenemos que neutralizarlos, para evitar que puedan dañar a nuestros protegidos, podrían tratar de tomar rehenes, para exigirnos que les demos las armas. Esta no es una operación de policía y estas son circunstancias excepcionales. Entraremos como lo hace la infantería, con violencia, desplegando el poder de fuego. No tenemos granadas, que sería la forma ideal para limpiar el área, pero no son soldados, son simples delincuentes, así que a fuerza de plomo, venceremos. - Tomó agua y continuó - Vamos a avanzar por acá derecho. Suponemos que los primeros 400 metros no representan ningún peligro, pero como las suposiciones son la madre de las derrotas, aplicaremos la táctica de infantería, cobertura, abrigo, sigilo y si hace falta, plomo. Allá adelante, en el muro verde, nos dividiremos. Ramírez irá por la izquierda, subiendo la colina hasta la casa derruida. Caranaima, por la derecha, hasta el árbol. Usted irá adelante, avance como un verdadero indio, silencioso, que una serpiente sea más ruidosa. Desde ahí va a tener un excelente ángulo de tiro. No disparen si no doy la orden, salvo que deban hacerlo para protegerse o algún otro de la escuadra. ¿Estamos entendidos?
- Entendido mi Sargento - contestaron al unísono.
- Vamos.
Caranaima iba de primero. Avanzaba, se cubría y avanzaba Marcos. Luego ambos cubrían a Ramírez. Los cuatrocientos metros los cubrieron con relativa velocidad. Entonces se dividieron y avanzaron, cada uno hasta el punto fijado. Marcos avanzó por el centro, hasta unas ruinas que daban buena cobertura. Mientras esperaba que ambos soldados se ubicasen en el lugar que les había asignado, recordó sus pensamientos de esa mañana. Enemigos. En ese momento le pareció absurdo, pero en este momento se convirtió en algo real
Cuando ya estaban todos ubicados, llamó la atención de los ocupantes de la casa con un grito. Nadie respondió. Pero estaba ocupada, había visto moverse unas sombras. Disparó para romper algunos vidrios y volvió a gritar. Entonces una voz respondió.
- ¿Qué pasa?
- Salgan de ahí todos, de inmediato y con las manos donde pueda verlas.
- Ven a sacarnos, tombo .
Cree que somos policías. No podía estar más equivocado. pensó Marcos, mientras efectuaba algunos disparos con el fusil. - Salgan ya.