Cuando el enemigo de mi enemigo... está muerto
15.10.2026

Durante meses, británicos y alemanes habían vivido frente a frente en las trincheras del Frente Occidental. Se disparaban, se bombardeaban y esperaban el momento en que el otro intentaría atravesar tierra de nadie.
En la Navidad de 1914 ocurrió algo que parecía imposible.
En distintos sectores del frente dejaron las armas, salieron de sus trincheras y se encontraron en medio del terreno que hasta entonces solo habían cruzado para combatir. Hablaron, intercambiaron regalos, enterraron muertos y, durante unas horas, dejaron de ser enemigos.
Esa parte ocurrió realmente.
¿Qué tendría que suceder para que aquellos mismos hombres, después de haber dejado de apuntarse unos a otros, tuvieran que tomar nuevamente sus fusiles... pero esta vez para combatir juntos?
La respuesta comienza a aparecer lentamente en tierra de nadie.
Primero son solamente figuras.
Después distinguen uniformes británicos y alemanes.
Cuando utilizan los binoculares empiezan a reconocer rostros.
John Reed había muerto dos días antes.
Roland Müller también.
Sin embargo, ambos caminan hacia las trincheras.
Y no vienen solos.
Los hombres que horas antes habían descubierto que podían estrechar la mano de su enemigo tienen ahora que enfrentarse a algo para lo que ninguna instrucción militar los había preparado. En el relato, ingleses y alemanes vuelven efectivamente a combatir, pero lo hacen juntos contra sus compañeros muertos.
La Primera Guerra Mundial no necesitaba monstruos. Había producido suficiente horror por sí misma.
Yo solamente decidí devolverle algunos de sus muertos.
La trinchera de Navidad es el segundo de los cuatro relatos de Cuando el infierno despierta.
Cuatro escenarios donde la realidad proporciona el lugar, la historia coloca a los hombres...
y después ocurre algo que nunca debió ocurrir.
En la Navidad de 1914 ocurrió algo que parecía imposible.
En distintos sectores del frente dejaron las armas, salieron de sus trincheras y se encontraron en medio del terreno que hasta entonces solo habían cruzado para combatir. Hablaron, intercambiaron regalos, enterraron muertos y, durante unas horas, dejaron de ser enemigos.
Esa parte ocurrió realmente.
¿Qué tendría que suceder para que aquellos mismos hombres, después de haber dejado de apuntarse unos a otros, tuvieran que tomar nuevamente sus fusiles... pero esta vez para combatir juntos?
La respuesta comienza a aparecer lentamente en tierra de nadie.
Primero son solamente figuras.
Después distinguen uniformes británicos y alemanes.
Cuando utilizan los binoculares empiezan a reconocer rostros.
John Reed había muerto dos días antes.
Roland Müller también.
Sin embargo, ambos caminan hacia las trincheras.
Y no vienen solos.
Los hombres que horas antes habían descubierto que podían estrechar la mano de su enemigo tienen ahora que enfrentarse a algo para lo que ninguna instrucción militar los había preparado. En el relato, ingleses y alemanes vuelven efectivamente a combatir, pero lo hacen juntos contra sus compañeros muertos.
La Primera Guerra Mundial no necesitaba monstruos. Había producido suficiente horror por sí misma.
Yo solamente decidí devolverle algunos de sus muertos.
La trinchera de Navidad es el segundo de los cuatro relatos de Cuando el infierno despierta.
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y después ocurre algo que nunca debió ocurrir.

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